Nueve riesgos que los mercados tendrán que afrontar en 2019
10/01/2019
Por Alicia Miguel Serrano
Redactora Jefa de Funds Society

La imagen idílica que ha venido retratando el devenir de los mercados financieros mundiales en los últimos años ha llegado a su fin. El año pasado, con episodios como el vivido en febrero o las fuertes caídas de los últimos meses, ya supuso un aviso a navegantes difícil de ignorar, pero 2019 será la verdadera prueba de fuego, el año en el que los inversores asumirán que la volatilidad ha vuelto para quedarse y que el entorno de subidas generalizadas en las plazas financieras –a nivel geográfico y por activos- será cada vez más inusual. El mar en calma dará paso al oleaje, en un contexto de desaceleración y desincronización macroeconómica, y con unos bancos centrales decididos a cambiar sus políticas… lo que no significa el fin de las oportunidades para los inversores. Ni mucho menos.

Sin embargo, para mantenerse a flote en estas aguas más agitadas será necesario estar atentos y tener en consideración algunos riesgos que ya están sobre la mesa. La carta de navegación para este año obliga a vigilar de cerca aspectos como un entorno más próximo a la recesión, con actuaciones importantes por parte de los bancos centrales y una guerra comercial en suspenso… de momento. Los riesgos políticos y el aumento del populismo a nivel global, que alimenta las corrientes proteccionistas frente a la globalización, es una fuerte amenaza para los mercados, que también tendrán que lidiar en 2019 con un Brexit incierto y con un mundo emergente en alerta ante la subida de tipos en EE.UU. La volatilidad de las divisas y de las materias primas dejará también su huella en un año en el que podría tener sentido adoptar posiciones más tácticas, porque parece claro que los mercados afrontan un 2019 más volátil y de grandes desafíos, tanto para la renta variable como para la renta fija. Desafíos que además han pillado a las plazas financieras con valoraciones muy ajustadas, es decir, con poca capacidad para amortiguar estos nueve posibles ‘sustos’ que destacamos.

Menor crecimiento y más desincronizado. El ciclo actual está siendo muy duradero, pero los ciclos no mueren de viejos: así, parece claro que 2019 no traerá una recesión, aunque sí una clara desaceleración económica, con un crecimiento global algo por encima del 3%. Y, lo más importante, en un entorno de desincronización mundial, frente a unos años en los que nos habíamos acostumbrado a un crecimiento mucho más acompasado. Estados Unidos seguirá liderando las cifras, con una Europa y un mundo emergente más rezagados, si bien crecen las advertencias sobre la madurez del ciclo en el gigante americano, cuyos mercados se han visto impulsados por unos valores tecnológicos –las FAANG- que no son infalibles. Esta economía tendrá que demostrar su fortaleza sin los impulsos monetarios ni fiscales que han apoyado en el pasado, y sus cifras volverán a condicionar inexorablemente todo lo demás.

Inflación y retirada de estímulos por parte de los bancos centrales. Las autoridades monetarias, que en los últimos años han impulsado artificialmente los precios de los activos financieros gracias al mantenimiento de unos tipos próximos a cero y de sus programas de compra de deuda, se están retirando de escena, mientras la inflación reaparece. Pero el riesgo es que estas políticas frenen la inversión, perjudiquen a las empresas más endeudadas y provoquen una caída de la confianza y el gasto. Por eso, los errores de política monetaria constituyen uno de los riesgos más importantes para los mercados. La Fed ha subido los tipos cuatro veces en 2018, en respuesta al crecimiento económico, a los datos de empleo y a la inflación (tanto en los salarios como en otros costes debido a las nuevas políticas arancelarias), y todo apunta a que las alzas continuarán este año. En Europa, el BCE ha puesto fin a su programa de compra de deuda, pero no tocará los tipos al menos hasta el verano, mientras el Banco de Japón ha hecho ciertos ajustes y en el mundo emergente se adaptan a una situación heterogénea, con medidas dispares.

En este entorno de normalización monetaria generalizada, la clave será el ritmo y la capacidad de las autoridades de adaptarse al entorno de crecimiento y de inflación en lugar de adelantarse a él. Todo apunta a que las políticas monetarias seguirán siendo acomodaticias, si bien su apoyo al impulso económico será menor.

Mercados de renta fija a presión. Con todo, las políticas de normalización de los bancos centrales situarán a los mercados de renta fija ante una fuerte presión, que podría trasladarse también a las bolsas si los inversores interpretan una mayor agresividad de la debida. Y la menor liquidez, fruto de la retirada de los programas de compras de deuda también será un aspecto clave a vigilar. No olvidemos que la economía global sigue afrontando un nivel de endeudamiento preocupante.

Guerra comercial entre EE UU y China. Una de las grandes incógnitas será la deriva proteccionista del mundo, con estos dos gigantes como protagonistas y que en 2018 ya fue una fuerte amenaza con capacidad para provocar una recesión mundial. ¿Se mantendrá en el tiempo la tregua comercial resultante de la cumbre del G-20? Es la pregunta del millón, en un contexto de desavenencias, declaraciones y actuaciones políticas en ocasiones poco fiables.

Brexit: historia de una ruptura marcada por la incertidumbre. La decisión del Reino Unido de salir de la Unión Europea no solo está creando una gran incertidumbre en los mercados, sino incluso en el futuro de los líderes políticos, pues a punto ha estado de llevarse por delante al Gobierno de Theresa May. Existe el riesgo de que las negociaciones acaben fracasando, lo que aumentaría las probabilidades de un divorcio sin acuerdo, es decir, un Brexit duro que podría tener un impacto negativo en las relaciones comerciales entre el Reino Unido y la eurozona, y afectar al crecimiento.

Menor crecimiento en Europa. De hecho, el menor crecimiento en el Viejo Continente es uno de los escenarios que se barajan para este año, con el foco en países como Alemania –una locomotora que está mostrando desaceleración- o Italia, en continuas disputas con la Unión Europea por sus presupuestos, lo que pone de manifiesto la falta de estabilidad estructural de la eurozona. Los riesgos de ruptura podrían mantenerse vivos, mientras no se avance en el proceso de integración.

La amenaza del populismo. Y todo, mientras los populismos ganan fuerza a pasos agigantados… en Europa precisamente ante el descontento por las políticas comunitarias y otros puntos de desencuentro como la inmigración. Países como Alemania, Francia, Bélgica, Italia y España afrontan un gran reto para frenar estos movimientos, asentados en EE UU y poderosos en Latinoamérica, con nuevos exponentes en el poder como Bolsonaro en Brasil o López Obrador en México.

El efecto desestabilizador de los emergentes. El empeoramiento de las condiciones de financiación ante la subida de tipos en EE UU y la fortaleza del dólar, y de la situación económica en algunos lugares del mundo en desarrollo, también suponen un gran riesgo para los mercados globales en 2019. Ya lo vimos en 2018, con crisis en mercados y divisas en Sudáfrica, Turquía o Argentina, azuzadas en ocasiones por incertidumbres políticas –este año países como Argentina afrontan elecciones- e interminables escándalos de corrupción ante los que los mercados resultan vulnerables.

Un petróleo más barato. El precio del petróleo también ha descendido considerablemente, desde que marcara máximos de cuatro años a comienzos de octubre pasado: las tensiones geopolíticas entre EE UU e Irán, y los equilibrismos de Arabia Saudí para mantener los precios seguirán dejando abierto un capítulo determinante para el crecimiento mundial y la evolución de los mercados.

Se dice que el mayor riesgo es aquel que no puede predecirse, el que aún no puede verse, el que se mantiene invisible a los ojos del inversor hasta que estalla, de repente, sin previo aviso. Esperemos que 2019 no traiga sustos negativos y sí sorprenda con un cambio de rumbo de las amenazas señaladas: si el discurso de la guerra comercial se suavizara; si el Brexit terminase con un buen texto para ambas partes; si los riesgos políticos desparecieran en Europa y los populismos redujeran su presencia en el mundo... podrían convertirse en factores de impulso económico, y en vientos de cola y catalizadores de los mercados financieros. Se esperan vaivenes, pero no necesariamente caídas. Con los mercados, nunca se sabe.

Alicia Miguel Serrano, es redactora jefe de Funds Society y experta en fondos de inversión.
Colabora de forma habitual con la revista Inversión y Finanzas. En el pasado ha trabajado en Funds People y La Gaceta de los Negocios.