Los desafíos de la economía portuguesa para 2021

29/01/2021
Por Axesor

A pesar de que durante la primera ola de la pandemia Portugal destacó por su capacidad para mantenerse ajeno. Las medidas de limitación de actividad necesarias para contener la propagación de la segunda y, sobre todo, la tercera ola de contagios por COVID-19 han terminado por afectar gravemente a su economía.

De hecho, Portugal acumula ya más de 680 mil casos a finales de Enero 2021, y aunque es cierto que en términos absolutos el país se mantiene en la vigésimo séptima posición del ranking mundial -por detrás de Bélgica o Chile-, la rapidez con la que esta tercera ola se está propagando y, sobre todo, la situación crítica en la que se encuentra el sistema sanitario -que roza el colapso- son motivos más que suficientes para la adopción de estrictas medidas de limitación de actividad que presionaran negativamente la evolución económica de 2021.

Según nuestra agencia de calificación crediticia Axesor Rating, se espera que Portugal cierre el año 2020 con una contracción interanual del PIB del 9,3% para dar paso, y siempre bajo un escenario de fuertes incertidumbres, a una progresiva recuperación este 2021 a una tasa que no se espera supere el 5,4% interanual, uno de los motivos que han llevado a la Agencia a efectuar un downgrade de calificación crediticia hasta BBB con perspectiva estable.

Aunque esta situación se explica exclusivamente por un shock de carácter coyuntural no observado desde épocas bélicas. Es cierto que los problemas estructurales con los que parte la economía lusa -a pesar del esfuerzo llevado a cabo por el Ejecutivo luso durante la última década- supondrán un freno al potencial de recuperación que esperamos observar si comparamos con países de su entorno.

Alta dependencia económica en el sector turístico

En primer lugar, la economía portuguesa está altamente terciarizada y es dependiente de la actividad turística. Según el INE -Instituto Nacional de Estadística-, en 2019 el sector representaba un 8,7% del PIB y un 19,7% del total de las exportaciones. De hecho, durante ese mismo año el país ibérico recibió 24,6 millones de turistas no residentes con cerca de 80 millones de pernoctaciones (66,4% provenientes de turistas extranjeros).

Como es de esperar, los aislamientos y cuarentenas, así como el cierre de la frontera a mediados de marzo de 2020, redujeron significativamente la actividad de la industria, hasta colapsarla en el mes de abril. Prueba de ello es que, según cifras del Banco de Portugal, los ingresos por turismo en uno de los meses más fuertes como septiembre alcanzaron los 204,8 millones de euros, lo que se traduce en un descenso del 59,2% frente al mismo mes de 2019.

En definitiva, se trata de un complejo escenario si se tiene en cuenta la importancia del sector en la economía, las incertidumbres en cuanto a la capacidad del país de alcanzar un nivel de vacunación del 70% de la población previo a la temporada estival y la recuperación de otros competidores turísticos menos afectados por la COVID, sin olvidar el efecto que el Brexit pudiera tener sobre la próxima temporada al ser Reino Unido uno de sus principales mercados turísticos.

Un país con muchas microempresas

Además del golpe al sector turístico, hay que tener presente que las micro, pequeñas y medianas empresas aportan más del 60% del PIB y el 78% del empleo total, por lo que la estabilidad de este tipo de entidades repercute en gran medida en la economía del país.

Aunque en la última década estas empresas han realizado un importante esfuerzo por desapalancarse, la deuda de las sociedades no financieras aún alcanza el 167% del PIB, de las más elevadas de Europa. Además de ello, estas entidades tienen menores capacidades financieras, tecnológicas y de management, por lo que les resulta más complicado responder a la crisis y digitalizarse.

No obstante, las empresas portuguesas se están beneficiando de una moratoria bancaria en la devolución de préstamos desde marzo de 2020, enmascarando las verdaderas dificultades financieras. Tras el fin de la moratoria se espera que muchas compañías se enfrenten a dificultades. La economía podría verse más afectada, y la recuperación post-pandemia sería más compleja. Por eso, es indispensable que estas empresas puedan contar con sistemas de evaluación de riesgo que permitan resguardar sus operaciones comerciales y, con ello, mantener su competitividad en un escenario de incertidumbre económica como el actual.

El bajo espacio fiscal disponible

Portugal destaca por el importante esfuerzo de consolidación fiscal efectuado durante la última década, que no solo le ha permitido alcanzar un sostenido superávit primario -tan necesario para reducir deuda- sino que también le ha permitido alcanzar un tímido superávit fiscal del 0,2% del PIB. Sin embargo, la deuda pública de Portugal continúa siendo su principal problema, ya que durante 2020 habría dejado atrás la tendencia negativa para volver a crecer hasta el 135% del PIB. No obstante, y fruto de ese esfuerzo de consolidación comentado, se espera que, una vez superada la pandemia, recupere la tendencia negativa para estabilizarse en los años posteriores en un 130% del PIB.


A pesar de todos los desafíos a los que debe hacer frente la economía lusa, se prevé que vuelva a crecer a una tasa de entorno al 5,4% -según las proyecciones establecidas en el informe de Axesor Rating-. En lo que al año 2022 respecta, la estimación de crecimiento está en torno al 3,5% interanual. Bajo estas condiciones, la compañía proyecta que Portugal no recuperará sus niveles de PIB anteriores a la crisis hasta 2023.