La incertidumbre rebaja el optimismo en América Latina
29/03/2019
Por Sara Barderas
Periodista especializada en las relaciones de América Latina con Estados Unidos y Europa
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Hace justo un año, cuando la economía de América Latina se adentraba en su segundo trimestre, el optimismo se palpaba en las grandes instituciones financieras internacionales con sede en Washington. Se había dejado atrás la desaceleración de los años previos -que en 2016 y según el Banco Mundial fue, de hecho, una contracción del 1% del PIB regional- y para los próximos se preveía un ritmo de crecimiento mayor al 1,1% alcanzado en 2017.

Pero entonces irrumpió la crisis en Argentina, donde el Gobierno de Mauricio Macri acabó teniendo que negociar un rescate con el Fondo Monetario Internacional (FMI); el crecimiento se desaceleró en Brasil, una de las dos mayores economías regionales junto a México, y se agravó aún más la situación en una Venezuela sumida en la inestabilidad, en la que la crisis económica –una de las mayores en la historia reciente a nivel mundial- había tornado ya en humanitaria.

Un año después de aquel optimismo en las instituciones financieras internacionales con el que arrancaba este post, la incertidumbre se mantiene en parte de América Latina. Tras un exiguo desempeño económico del 0,6% en 2018, el Banco Mundial rebajó sus expectativas de crecimiento iniciales para este año en 0,6 puntos porcentuales y proyecta un aumento del PIB del 1,7%. El FMI, por su parte, prevé un 2% para 2019.

No todo, sin embargo, son incógnitas o malos augurios en la región. Las economías de tres países importantes –Chile, Colombia y Perú- avanzan sobre seguro.

Un consumo privado sólido y una inversión dinámica en Chile permiten pronosticar un crecimiento sostenido para este año. El Banco Mundial lo sitúa en un 3,5% y el FMI, en un 3,4%. Chile es actualmente una de las economías regionales más dinámicas. A ello han contribuido decisivamente un entorno institucional estable, unos fundamentos económicos sólidos y unas políticas macroeconómicas que el FMI califica de acertadas. De los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Chile es, de hecho, uno de los que mejores resultados muestra en terrenos decisivos para el desempeño de la economía y el crecimiento de la productividad, entre ellos la inclusión financiera de las empresas y los índices de alfabetización adulta. 

Colombia, por su parte, crecerá este año a una tasa muy similar a la chilena. El FMI acaba de aumentar su pronóstico de crecimiento en dos décimas, hasta el 3,5%. El crecimiento de la demanda interna y la recuperación de la inversión están detrás de esta corrección al alza en la que es la cuarta economía latinoamericana. Las razones del buen desempeño colombiano hay que buscarlas en el respaldo de la política monetaria, el gasto de los gobiernos subnacionales, la ejecución del programa de infraestructura 4G y en el impacto positivo de los cambios de la política tributaria en materia de inversión que ha habido recientemente, según el FMI.

En el caso de Perú, el crecimiento será incluso mayor al colombiano. El FMI y el Banco Mundial coinciden en proyectar un 3,8 por ciento. Y es que, la consolidación fiscal gradual se ha visto compensada con una sólida demanda interna privada.

Cabe recordar que 2018 fue un año en el que se registraron cambios destacados en la dirección política de las dos mayores economías de la región, Brasil y México. Y a falta de tiempo para observar su desarrollo, los Ejecutivos de Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador han generado algunas inquietudes.

La cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto en Ciudad de México, junto a los retrocesos en reformas pendientes en el sector energético y en educación, ha levantado dudas sobre la política económica del nuevo presidente de México. El FMI revisó a la baja las proyecciones de crecimiento para este año (2,1%) y para 2020 (2,2%). El Banco Mundial las sitúa en el 2% y el 2,4%.

En el Brasil de Bolsonaro, el FMI pronostica para 2019 un crecimiento superior al 2% por primera vez desde 2013, impulsado por la confianza de las empresas en el programa de reforma favorable a los mercados del nuevo Gobierno. Ese aumento del PIB es sin duda positivo, pero un Congreso muy fragmentado genera temores respecto a la consolidación fiscal y la reforma de las pensiones, entre otras cosas.

En Argentina, la tercera economía latinoamericana, el Banco Mundial prevé una contracción del 1,7% por la pérdida de empleo y un menor nivel de consumo e inversión, generados por la consolidación fiscal. Los comicios argentinos de octubre, tras la entrada en recesión en 2018, podrían servir de freno a las reformas que espera el FMI. Y hay que tener en cuenta que una contracción por encima del nivel previsto puede afectar a la región mediante los flujos comerciales y financieros.

Sara Barderas es periodista especializada en las relaciones de América Latina con Estados Unidos y Europa. Ha sido corresponsal política en Washington DC y en Madrid.